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viernes, 4 de febrero de 2011

Clara



No pudo verse al espejo. Sintió vergüenza. Vacío y vergüenza. El escalofrío le atravesó la piel, la mirada. Lo supo todo, y eso es mucho. Se acurrucó en su propio abrazo y no fue suficiente. Las suelas estaban gastadas, caminaba casi descalza y no se había dado cuenta. Vio que las manos le terminaban en la punta de los dedos y quiso más. Quiso todo. Arregló la casa, se puso guapa y se decidió a salir. Calles, autobuses, barcos, aviones, y kilómetros de camino por delante. Años de camino por delante.
Se recompuso. Intento sorber la mayor cantidad posible de aire, los pulmones se le hincharon y mientras devolvía al viento un largo suspiro, una sonrisa aparecía sincera a engalanarle el rostro. Su cabeza era un mar atardecido. El corazón: un corazón, y estaba dispuesta a usarlo.

IMAGEN:El Globo Rojo, Paul Klee

martes, 2 de noviembre de 2010

Caminos hacia el laberinto.



Se podrán decir muchas cosas sobre las capacidades del internet para estimular la imaginación y la capacidad de análisis y reflexión sobre nuestra realidad, actual o pasada, o sobre la humilde condición humana. No obstante en ocasiones hasta podría afirmar que este mecanismo ultramoderno, que parte de la estructura del laberinto, puede resultar una sorpresa. En el sentido de que los resultados pueden ser inimaginables. Podría empezar esta breve genealogía con cierta invitación del Fabi a explorar unos textos de Norman Mailer y Zizek, este segundo me llevó a buscar una referencia sobre Ulrich Beck en Google, del que conseguí varios artículos y un libro. Con el libro di porque la búsqueda me llevó a una de estas páginas que albergan links que te permiten bajar archivos, por casualidad digamos, que creo es en donde reside la sorpresa del laberinto, seguí leyendo distraídamente unos resultados sobre textos de filosofía del arte, y uno en particular con un título sugerente: “Vida y muerte de las imágenes” de Régis Debray. Convencido de que tal forma de titular un texto evoca cierta capacidad para conquistar a un lector dispuesto, volví al buscador, que cuando uno introduce un nombre, el primer resultado, resulta ser de Wikipedia, la vilipendiada enciclopedia colectiva (Wiki) con aspiraciones que acaso ni Diderot ni D´Alembert hubieran sospechado. En fin, resulta que la historia de vida del francés es apasionante, nacido en 1940 en París, maestro de maestros, seguidor de Althusser y por ahí entonces simpatizante de la izquierda por decir lo menos, se decide a cruzar el charco para conocer la experiencia revolucionaria cubana, llega a intimar con Fidel Castro y el Che Guevara, creyendo profundamente en la capacidad de la revolución para cambiar el mundo, se embarca con el Che en la aventura boliviana. Puesto detrás de un fusil parece que su vocación para el combate era más bien moderada, por lo que se decide que parta del campamento rebelde, y se integre como periodista extranjero en algún pueblo perdido, sin embargo es apresado, y al parecer hasta soltó la sopa a la CIA sobre el lugar en que se encontraban las tropas rebeldes lideradas por el mítico guerrillero.
Gracias a la presión internacional llevada a cabo entre otros por distinguidos intelectuales franceses como Sartre y Malraux, el papa Pablo VI y hasta Charles de Gaulle, es liberado y pasa a compartir la experiencia también socialista del Chile de Allende. Defenestrado este último, vuelve a su país natal en donde milita tímidamente para terminar mandándolos a todas a la porra por diferencias “ideológicas” como es tan común en la izquierda. Muchos de sus textos versaron primeramente sobre el movimiento guerrillero latinoamericano y sus posibilidades transformadoras, desencantado de esta posibilidad dedicaría el resto de sus escritos a la crítica cultural, enfocándose principalmente en el novísimo papel de los medios. Así las cosas, en 1995 llegó a escribir el libro “Vida y muerte de las imágenes” el que, luego de enterarme de los recovecos del parisino me dispuse a bajar en menos de 5 minutos, en una versión .pdf bastante legible, y ahora espera paciente en mi disco duro ocupar la primera plana de mi pantalla.

*El de la foto es Debray

sábado, 17 de julio de 2010

Un concierto de rock.

Lo mejor del rock, es el rock. Esto implica una inversión de años, quizá unos doce o trece desde que el tipo de anteojos oscuros se me metió en la cabeza y empezó a ponerle letra a los fracasos y a los que no tanto, a las noches, madrugadas y tropezones, y a ponérles música, si, música rock. Lo que sospechábamos no pasaría nunca, pasó: Calamaro en Costa Rica. Vista la posibilidad del evento, las entradas esperaron pacientes por más de un mes hasta que el martes en medio de una amable lluvia de media tarde nos dispusimos con cerveza en mano a calamariar hasta el fin, cosa nada extraña esta, pero no habíamos tenido la posibilidad de que Andrés cantara en vivo. La fila no se hizo nunca, la lluvia siguió y todo indicaba que sería una reunión de amigos grande, minutos antes de las ocho las manos se despidieron de latas, cigarros, y todas las prohibiciones modernas. En el gimnasio el ambiente tenía algo de incertidumbre y un extraño vaho a alcohol, las luces se apagaron y se divisaba al Calamaro en una esquina, sin más, la banda se acomodó y empezó el chivo... los pasos a veces inciertos del músico me sugerían que tenemos el mismo problema los dos, vinieron sus tributos al rock y para cuando sonó El Salmón, el gimnasio era sólo buena vibra y rock. Un sonido confuso, que bien se merece un latazo para la producción, hizo poca mella en aquellos que autoconvocados sabíamos a lo que íbamos. Unos guitarros de lujo, un bajo impecable y un batero de las mil putas, eran el decorado para que la noche calentara, calentara y calentara. Fue evidente la conexión que hizo que el concierto creciera, Andrés agradecido hasta las manos de que en este pedazo de mundo también sabemos rockiar, no se cansó de decirlo al público y nosotros, de mercerlo. Dos horas y resto de Calamaro y todo se acabó, poco antes del final los tipos de amarillo caracterizados por su esupidez, parecían molestos con que saltáramos y brincáramos y apestáramos, pero de un muy buen molote y algunos manotazos no pasó. La Flaca decía que el fin era absoluto, y Calamaro decía que nos quería volver a ver, así que, a pesar de que un rayo no cae nunca en el mismo lugar dos veces... te espero en el mismo lugar, otra vez.

Este post no hubiera sido posible sin la compañía de los buenos amigos, la cerveza, el Jack Daniels y un coche blanco. Gracias a todos.
Al que quiera una crónica seria con el set list y detalles acá hay una
, a los interesados en leer un periodista que va a un concierto sin saber de que va, acá está.

sábado, 4 de abril de 2009

Recomendación de la Semana Santa



Por acá les dejo un link a la página del artista chicano, Guillermo Gómez-Peña, y su colectivo la Pocha Nostra. Una forma interesante de desarmar el tema del mestizaje, las migraciones y la identidad, en la "era post 9/11". Enjoy.